Día Mundial del Urbanismo: origen de la fecha y los retos de la Ciudad de México

Edificios altos y avenidas de la Ciudad de México bajo cielo despejado

Por Juan Pablo Ojeda

Cada 8 de noviembre se conmemora el Día Mundial del Urbanismo, una fecha pensada para reflexionar sobre cómo se planean, se construyen y se viven las ciudades. Para la Ciudad de México, una de las metrópolis más grandes del continente, la efeméride funciona como recordatorio de que la forma en que se ordena el territorio influye en el tiempo de traslado, el acceso al agua, la seguridad de las viviendas y la calidad del espacio público.

Un origen latinoamericano

La conmemoración nació en Argentina. El ingeniero y urbanista Carlos María della Paolera, profesor de la Universidad de Buenos Aires, impulsó en 1949 la idea de dedicar un día a la planificación de las ciudades. Su propuesta buscaba que la sociedad entendiera el urbanismo no como un asunto exclusivo de especialistas, sino como una disciplina que toca la vida cotidiana de millones de personas. Con el paso de los años, organizaciones profesionales de distintos países adoptaron la fecha y hoy se recuerda en decenas de naciones.

El símbolo que della Paolera propuso para la celebración también es elocuente: un círculo azul que representa el aire, una franja verde que alude a la vegetación y un fondo amarillo que remite al sol. La idea es sencilla: una ciudad bien planeada debe garantizar a sus habitantes aire limpio, áreas verdes y luz.

Qué significa planear una ciudad

El urbanismo se ocupa de decidir dónde y cómo se distribuyen las viviendas, los empleos, las escuelas, los hospitales, los parques y la infraestructura que los conecta. En términos prácticos, determina si una persona puede caminar a una tienda o necesita un vehículo, si una colonia tiene drenaje suficiente para soportar una tormenta o si un barrio cuenta con espacios para convivir.

En la capital del país, estas decisiones se toman a partir de instrumentos legales y técnicos. La Constitución Política de la Ciudad de México reconoce el derecho a la ciudad, entendido como el uso y disfrute pleno y equitativo de la ciudad, y establece que la planeación debe orientarse al desarrollo sustentable. Los programas de desarrollo urbano y los usos de suelo definen qué se puede construir en cada predio, a qué altura y con qué fines.

Los grandes retos de la capital

La Ciudad de México enfrenta desafíos urbanos que se han acumulado durante décadas. Uno de los más visibles es la movilidad: buena parte de la población vive lejos de sus centros de trabajo, lo que se traduce en largos traslados diarios. Por ello, la planeación de transporte público masivo, ciclovías y banquetas seguras es un tema central de cualquier política urbana.

Otro reto es el agua. La ciudad se asienta sobre un antiguo sistema lacustre, depende en parte de fuentes externas y padece hundimientos diferenciales en varias zonas por la extracción del acuífero. La planeación urbana influye en la recarga de agua, en la protección de suelo de conservación y en la prevención de inundaciones.

La vivienda es un tercer eje. El crecimiento hacia las periferias, muchas veces sin servicios suficientes, ha generado debates sobre la necesidad de redensificar zonas centrales que ya cuentan con infraestructura, sin expulsar a sus habitantes originales. A ello se suma el riesgo sísmico, que obliga a vigilar normas de construcción y a revisar periódicamente los reglamentos.

El espacio público como termómetro

Plazas, parques, camellones y banquetas son el lugar donde se mide la calidad de una ciudad. El Zócalo capitalino, por ejemplo, es al mismo tiempo centro político, sede de actos cívicos, escenario de conciertos y punto de encuentro. La forma en que se administra y se comparte ese espacio dice mucho sobre la relación entre gobierno y ciudadanía.

En los barrios, la falta de iluminación, de arbolado o de banquetas accesibles afecta directamente a mujeres, personas mayores, niñas, niños y personas con discapacidad. Por eso, las corrientes contemporáneas del urbanismo insisten en diseñar desde la escala humana y con perspectiva de género.

Cómo puede participar la ciudadanía

El urbanismo no es sólo tarea de gobiernos y desarrolladores. Las personas pueden consultar los usos de suelo de su predio, participar en consultas sobre programas de desarrollo urbano, proponer proyectos mediante el presupuesto participativo de su colonia y reportar fallas en servicios a través de los canales oficiales de la ciudad.

Informarse sobre cómo se transforma el entorno es el primer paso. El Día Mundial del Urbanismo invita a mirar la ciudad con otros ojos: no como un escenario fijo, sino como un proyecto colectivo que se construye con decisiones diarias, desde la ubicación de una parada de autobús hasta la protección de un bosque urbano.

Al final, la pregunta que planteó della Paolera hace más de siete décadas sigue vigente para la Ciudad de México: cómo lograr que la ciudad garantice a todas las personas aire, verde y sol.

Foto: Carlos Valenzuela / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

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